Política de etanol aún a la deriva

Medida puede ser la salvación para las plantas, debilitadas por cerca de siete años de política errática y desastrosa para el sector

No comienzo de este año, la industria del etanol, que sufre gran crisis, fue albo de dos políticas: el regreso de Cide, que grava a la gasolina y el ascenso, una vez más, de la mezcla de etanol anhidro en la gasolina C, de 25% para 27% desde el 16 de marzo. Los productores de etanol celebran las dos medidas. La primera aumenta la competitividad de etanol sobre la gasolina tan importante para atraer a los consumidores con vehículos de combustible flexible; la segunda obligatoriamente aumenta el consumo de etanol por aquellos que, aún sin optar por el consumo de combustible en la bomba llevan más de un cuarto de etanol, necesariamente, al optar por la gasolina. Los consumidores, por su parte, tienen razón para estar insatisfechos con las dos medidas. Por un lado, los precios más altos; por otro, mayores restricciones a su libertad para elegir entre la gasolina (pura) y etanol. Y la sociedad, este conjunto de productores, los consumidores y los contribuyentes, ¿queda cómo?

El regreso de Cide se esperaba hace tiempo. El consumo de gasolina genera unos costes sociales, en particular al medio ambiente, como la contaminación del aire en las zonas urbanas y gases de efecto invernadero. Por el contrario, el etanol de caña de azúcar, como combustible renovable y balance de energía eficiente, es capaz de capturar gases de efecto invernadero y se asocia con actividades significativas en las usinas de caña de azúcar, como la cogeneración de energía eléctrica que son deseables desde el punto de vista social. Dado que el etanol y la gasolina son sustitutos en la ausencia de cualquier intervención, la sociedad consumiría demasiada gasolina y poco etanol, aunque su consumo sea más deseable desde un punto de vista social.

El Cide cumplió esta función. Al centrarse en la gasolina y no en etanol, el precio relativo de los dos productos es más favorable al consumo de etanol como socialmente deseable. En resumen, el regreso de Cide es una buena noticia para Brasil. Lástima que haya tomado tanto tiempo. Pregúntale a las muchas plantas que fallaron o fueron a la quiebra en los últimos dos años.

¿Y el aumento en una mezcla de etanol en la gasolina? Las opiniones transmitidas en bordeando prensa, paradójicamente, la unanimidad. El Ministro de Minas y Energía, Eduardo Braga, tradujo este sentimiento cuando dijo, en un comunicado difundido a la prensa el 05/03, se tratar de “una operación en la que todos ganan: ganan los productores, gana el mercado, gana el sistema de suministro de energía en Brasil y gana sin duda nuestra red de producción”. De todos modos, todo el mundo contento. ¿Será?

El primer paso para responder a esta pregunta es de entender, de hecho, lo que significa esta medida. La resolución de la Cima (Conselho Interministerial do Açúcar e do Álcool), lo que aumentó la mezcla de etanol en la gasolina al 27%, pone una restricción a más consumidores. Cada litro de gasolina C consumida en Brasil, del Oiapoque al Chui, tendrá menos gasolina y más etanol que antes, independientemente de la elección del consumidor. Para aquellos con los vehículos de combustible flexible, aproximadamente el 60% de la flota brasileña, significa perder la opción de coger el coche a menos de 27% de etanol. Esta elección fue prohibida por la resolución del Cima. En otras palabras, la mezcla de 27% es la solución que nos impide de la virtud del flex.

Peores será la situación de los propietarios de los vehículos con gasolina. Una representante de Anfavea propuso, también, en un comunicado de prensa, que sería prudente que estos abasteciesen sus vehículos con gasolina premium, que no está afectada por la resolución del Cima. Los automóviles importados, en particular, que no fueron diseñados para tales niveles de mezcla pueden incluso seguir funcionando, pero sin duda con el peor desempeño. Para ellos, el costo de la gasolina subirá aún más.

Algunos dicen que el precio de la gasolina, con el aumento de la mezcla caerá, ya que el etanol por litro cuesta menos que la gasolina que reemplaza. Lo que este argumento no revela es que el rendimiento de un litro de gasolina C también se ve afectada ya que la mezcla de etanol aumenta y que, por razones logísticas, el precio relativo de etanol y gasolina varía considerablemente según la región de Brasil. Un residente de Pará, uno de los Estados donde la gasolina es relativamente más competitiva que el etanol, va a pagar más por el kilómetro. Y aquí está el problema más grande de la medida.

No tiene mucho sentido transportar el etanol de Ribeirão Preto a Belém y obligar a Pará para consumirlo en proporciones tan altas, a pesar de que este combustible como más caro allí por razones logísticas. También en São Paulo, donde el etanol es muy competitivo, los consumidores se verán afectados negativamente. Allí, la opción del propietario de un coche de combustible flexible ya es, en la mayoría de las veces, el etanol. Con el uso creciente de etanol anhidro en la mezcla con la gasolina, habrá menos de suministro de etanol hidratado, lo que debe aumentar su precio.

Podemos llegar a lo absurdo de un residente de São Paulo preferir consumir gasolina C, dado el aumento en el precio del etanol, y al mismo tiempo, obligarmos al Pará consumir una mezcla de etanol caro, debido a los costos de logística, incrustado en la gasolina C. Aumentan los costos de logística, lo que es ciertamente malo para la sociedad en su conjunto.

La motivación de esta medida parece estar en la caída del precio del azúcar en el mercado internacional de $ 0.31/lb a principios de 2011 a $ 0.14/lb a principios de este año, lo que agrava la recuperación de la crisis . No hay duda de que esta situación muestra el estado de penuria de la industria del etanol y que esta medida puede ser un salvavidas para las plantas, debilitadas por cerca de siete años de política errática y desastrosa para el sector. Pero un instrumento tan relevante, como el nivel de mezcla de etanol en la gasolina, no puede actuar como un bombero, quien va tras las llamas que cambian con el viento. Uno debe mirar a largo plazo. Y uno tiene la impresión de que nuestra política energética para el etanol sigue a la deriva.

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