Las renovables, nueva oportunidad de negocio para las petroleras

Coincidiendo con la entrada en vigor del Acuerdo de París, los consejeros delegados de diez de las compañías petroleras y de gas más importantes del mundo -integradas en la Oil and Gas Climate Initiative (OGCI)-, anunciaron el pasado 4 de noviembre la creación de un fondo común de 1.000 millones de dólares para el desarrollo e implantación comercial de tecnologías innovadoras para la reducción de emisiones. Suscríbase gratis a elEconomista Energía. Disponible la edición de noviembre

El grupo, conformado por Repsol, BP, Saudi Aramco, Total, Shell, Eni, Reliance, Statoil, Pemex y CNPC, enfocará inicialmente su actividad en tres áreas: desarrollo de proyectos de captura, uso y almacenamiento de carbono a gran escala; mejora del papel del gas mediante la reducción de emisiones de metano en toda la cadena de valor; y mejora de la eficiencia energética en la industria y el transporte.

Las empresas involucradas en esta iniciativa -que suponen el 20 por ciento de la producción mundial de petróleo y el 10 por ciento de la energía global-, llevan varios años comprometidas en la lucha contra el cambio climático, con la puesta en marcha de medidas con las que han conseguido reducir sus emisiones en un 20 por ciento desde el año 2005. En línea con esto, en los últimos tres años han realizado inversiones por valor de 11.000 millones de dólares en energías renovables y han destinado alrededor de 600 millones anuales en pequeñas compañías tecnológicas.

Desde el área de Negocios Emergentes, Repsol impulsa la generación de nuevas oportunidades de negocio relacionadas con energías sostenibles. En esta línea, se capta y capitaliza innovación externa mediante inversiones en startups con gran potencial de desarrollo y de alto valor tecnológico. Destaca la participación y apoyo al desarrollo de empresas como Ibil, Scutum o Graphenea. La primera es una sociedad con la que Repsol desarrolla desde 2010 la actividad relacionada con el suministro de energía para la movilidad eléctrica. Cuenta con 726 puntos de recarga operativos tanto en el ámbito público como en el privado y permite a la petrolera seguir consolidando su red de infraestructura de carga rápida en sus estaciones de servicio.

Scutum, por su parte, está dedicada al diseño, producción y venta de plataformas eléctricas y sistemas de extracción de baterías para motos eléctricas, mientras que Graphenea es uno de los principales productores europeos de grafeno, que trabaja en explotar el potencial de este material de futuro y su producción a escala industrial.

Por otra parte, gracias al Centro de Tecnología Repsol, la compañía desarrolla varios proyectos y productos innovadores y eficientes. Destaca el proyecto Asfaltos Inteligentes, con el que se dota a los asfaltos de diversas propiedades -frío, descontaminantes, autorreparación- en función de las necesidades de cada carretera; la nueva gama de carburantes Neotech para maximizar el rendimiento de los combustibles en los vehículos; la tecnología Autogas Liquid Direct Injection, patentada por Repsol, que consiste en utilizar la inyección directa junto a una formulación específica de autogás que consigue reducir las emisiones de CO2 un 15 por ciento respecto a la gasolina; o la incorporación de un residuo como el CO2 en la fabricación de polioles -espumas- o en el diseño de polímeros -plásticos- que puedan repararse solos, que ya es una realidad.

Apuesta por las renovables

Además del desarrollo de nuevos productos más eficientes y de alto rendimiento en lubricantes y combustibles, del uso de programas innovadores para la reducción de emisiones en la produción de gas y petróleo y del diseño de proyectos de gas menos contaminantes -como el de Khazzan, en Omán-, BP lleva tiempo apostando por las energías renovables. En el sector de los biocombustibles, gran parte de su actividad se centra en Brasil, produciendo etanol a partir de cutivos de caña de azúcar, una actividad que ha supuesto la no emisión de 0,7 millones de toneladas de CO2 en 2015.

En el caso de la eólica, BP se encuentra entre los principales productores de este tipo de energía en Estados Unidos, con intereses en 16 parques eólicos en todo el país, que suman una capacidad de 1.556 megavatios. Sus actividades evitaron la emisión de 2,7 millones de toneladas de CO2 en 2015. Además, Air BP es el primer proveedor mundial de biocombustible para aviones comerciales, suministrando a Lufthansa, SAS y KLM.

En captura y almacenamiento de carbono, la compañía inglesa destaca por su participación en el proyecto de almacenamiento de CO2 en Salah (Argelia) y en el desarrollo de proyectos de energía a base de hidrógeno en Abu Dhabi y California. Como apoyo a la investigación, BP está involucrada en la Iniciativa de Mitigación de Carbono de la Universidad de Princeton para diseñar estrategias de mitigación de carbono que sean seguras y efectivas; el programa Energy Sustainability Challenge, que analiza los efectos potenciales de la escasez de recursos naturales en el suministro y demanda de energía; así como en la inversión de compañías de start-up entre las que se encuentra Solidia, que ha desarrollado una tecnología para hacer la producción de hormigón menos intensiva en carbono, pudiendo llegar a reducir hasta un 70 por ciento su huella de carbono.

Shell es otra de las empresas que lleva varios años invirtiendo en renovables. Destaca la puesta en marcha de New Energies, un área de reciente creación que, según afirman desde la compañía, “complementa la estrategia de gas de la empresa” y está centrada en el desarrollo de nuevos combustibles para la movilidad -biocombustibles e hidrógeno-; soluciones energéticas integradas, donde la eólica y la solar pueden asociarse con el gas para gestionar la intermitencia; y la posibilidad de conectar a los clientes con nuevos modelos de negocio para la energía gracias a la digitalización y la descentralización de los sistemas energéticos.

En opinión de Shell, “la colaboración ha sido una de las claves fundamentales del acuerdo alcanzado por la OGCI”. Un ejemplo de esto, comentan desde la compañía, “es que cualquier propiedad intelectual o datos generados por el proyecto Shell Quest de Captura y Almacenamiento de Carbono (CCS, sus siglas en inglés) ha estado públicamente disponible -en colaboración con los Gobiernos de Alberta y Canadá-, para ayudar a rebajar los futuros costes de la CCS y animar a un uso más amplio de esta tecnología en el mundo entero, que ayudará a la creación de futuras empresas de estas características”.

Al igual que otras compañías petroleras, la cuenta de resultados de Total ha sido duramente golpeada. Hace tan solo un año, la compañía francesa redujo sus beneficios un 32 por ciento con respecto al año anterior. Con el fin de diversificar sus ingresos y depender menos de los vaivenes del precio del petróleo, la compañía anunciaba hace unos meses la creación de una nueva filial de gas, energía renovable y electricidad, que reforzará su posición como líder mundial de energía en los próximos veinte años.

Según el director general de Total, Patrick Pouyanné, “nuestro objetivo es posicionarnos entre las tres primeras compañías del mundo en energía solar, expandir el comercio de electricidad y el almacenamiento de energía, liderar el sector de los biocombustibles -especialmente los biocombustibles para aviación- y considerar potenciales oportunidades de desarrollo en otras energías renovables”.

Los primeros movimientos de la compañía francesa en renovables se produjeron en 2011 con la compra de SunPower, empresa americana especializada en plantas de energía solar. Recientemente, ha presentado una oferta amistosa de compra por el 100 por ciento del capital de Saft por 950 millones de euros.

Otras apuestas eficientes

Saudi Aramco Energy Ventures (SAEV), filial de empresas de riesgo de Saudi Aramco, decidió invertir hace tres años en Utilidata, empresa líder en la optimización de tensión y sistemas de automatización digital para la industria eléctrica, con el objetivo de acelerar el despliegue de sus soluciones en el mercado saudita, uno de los mayores usuarios mundiales de electricidad. La compañía, con sede en Providence, ha desarrollado la solución VVO para empresas de servicios públicos y grandes usuarios de energía que, entre otros beneficios, ofrece una reducción del voltaje entre un 25 y un 50 por ciento mayor que el resto de competidores.

Una de las última acciones de Statoil ha sido el lanzamiento de Statoil Energy Ventures, un nuevo fondo de capital riesgo, de 200 millones de dólares, destinado a invertir en empresas de energías renovables durante un período de cuatro a siete años. Una de sus primeras acciones ha sido la inversión de tres millones de dólares en la compañía eólica United Wind.

El Economista

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