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Registra la historia de América que la caña de azúcar fue introducida a Republica Dominicana, Antigua “Isla Española”, en el segundo viaje de Cristóbal Colon, desde las islas Canarias. A partir de entonces ha prosperado sin dificultades mayores.

Para finales del siglo XIX, específicamente a partir del 1870, se introdujo la industria azucarera moderna en la Republica Dominicana, logrando ya para 1970 colocarse entre las primeras diez economía mundiales azucareras con actividad en 16 ingenios, sobrepasando la producción de azúcar de 1 millón de toneladas, de las cuales Estados Unidos demandaba la mayor parte. Las exportaciones azucareras a Estados Unidos llegaron a significar alrededor del 80% de la producción. Al desplomarse dicho mercado en los años 80, la industria entro en una crisis de la cual no se ha recuperado.

Las perspectivas actuales son halagüeñas para la isla, se nota un mercado azucarero mundial recuperado y una apertura a la Unión Europea con privilegios comerciales. En el área de la energía, la Republica Dominicana es un alto consumidor de petróleo y la dependencia de dichas importaciones hace obligatorio llegar a la sustitución de un porcentaje de la gasolina consumida por etanol. A corto plazo necesitaríamos colocar 4 millones de toneladas de caña para una mezcla de 20% de etanol en la gasolina. También el uso del bagazo para la cogeneración por los altos precios del kwh en la cadena energética hace viable su implementación.

Actualmente nos debatimos en una campana electoral que culminara el 20 de mayo y uno de los candidatos principales anuncia la construcción de nuevas unidades. Creemos que volver a la producción de 14 millones de toneladas de caña de azúcar ayudaría bastante a la generación de empleo, divisas y al desarrollo de las comunidades cañeras hoy sumidas en la miseria. Brasil es un buen referente.

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