La producción de etanol celulósico en Brasil ganará un nuevo impulso con la entrada del gigante player también de la industria de la caña de azúcar. Actualmente dirigido por empresas Raízen y Granbio, la producción de biocombustibles también llamada segunda generación debe ser feroz en esta década.

El cultivo experimental de variedades de caña de azúcar robusta, específica para la fabricación de etanol celulósico está en una etapa final.

La producción de esta caña de energía, o súper-caña, debe ganar escala comercial en tres años. Y es a partir de ahí que la destilería de celulósico deberá entrar en funcionamiento.

La conducción del cultivo de la caña de energía es hasta Centro de Caña del Instituto Agronómico (IAC), de la Secretaría de Agricultura y Abastecimiento de São Paulo, según informes de fuentes relacionados con el tema.

Este cultivo es uno de los cinco emprendidos de forma simultánea en el país por los ingenieros y técnicos de la IAC.

En el caso de la caña de energía para estar también disponible para la empresa gigante, el cultivo está en el estado de Tocantins. Y el futuro “cliente” de la variedad es la americana Bunge, que tiene una planta industrial en el estado.

Pedro Afonso, ubicada en el municipio del mismo nombre en Tocantins, es el octavo productor de azúcar y bioenergía planta de Bunge en Brasil, y fue inaugurado oficialmente en 2011.

Primera unidad greenfield de la empresa, tiene la capacidad de molienda inicial de 2,5 millones de toneladas de caña de azúcar por año.

La construcción de la planta marca la consolidación de la joint venture entre Bunge e Itochu, una de las principales tradings mundiales del Japón.

Bajo esta iniciativa, el 80% de los fondos se invirtieron por Bunge y 20% en Itochu, que es también un socio de Bunge en la Usina Santa Juliana, en Minas Gerais, desde 2008.

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