El campo confía en que el fin de las cuotas permita recuperar superficie de remolacha

Espera alcanzar «a corto y medio plazo» las 30.000 hectáreas, casi 8.000 más que las sembradas en esta última campaña con cupos al azúcar

Con cierta incertidumbre, pero también con esperanza miran en el sector remolachero el futuro que se abre a partir del próximo año, cuando, tras medio siglo de vida, el sistema de cuotas vigente en la Unión Europea (UE) a la producción de azúcar quede enterrado para siempre tras la prórroga aprobada en 2013. Septiembre de 2017 supondrá la liberalización de un sector hasta ahora marcado en el ámbito comunitario por una OCM (Organización Común de los Mercados Agrícolas), por lo que ésta es la última campaña remolachera en Castilla y León bajo este sistema que ha mantenido encorsetado el volumen que los cultivadores podían llevar de sus parcelas a las molturadoras.

Una nueva ventana para una potencia como Castilla y León, donde se dan los índices más altos de rentabilidad. Por ello confían en que, al contrario que lo ocurrido con el sector del vacuno de leche, donde el fin de los cupos ha supuesto un declive de los precios y llevado a muchos ganaderos a echar el cierre a sus explotaciones, ésta sea una situación diferente. Que ese nuevo escenario abra el telón de una obra mucho más alegre que la vivida en los últimos tiempos.

«No vamos a tener ningún problema», espera Matías Llorente, de La Alianza UPA-COAG, quien confía en que para ello se «respete» lo firmado, con un acuerdo marco que compromete a agricultores e industria hasta 2020, los pagos asociados de la PAC hasta esa fecha y el Programa de Desarrollo Rural (PDR). También en este sentido el líder de Asaja en Castilla y León, Donaciano Dujo, subraya que «a diferencia del sector lácteo», gracias a los pactos rubricados, «en principio, no tiene que variar nada» en las próximas campaña una vez que acaben las cuotas. «Queremos transmitir un mensaje de tranquilidad a los remolacheros porque no tienen que cambiar a peor las condiciones», añade.

También desde la Junta, la consejera de Agricultura y Ganadería, Milagros Marcos, señala que «el fin de las cuotas no debe verse como un riesgo y sí como una oportunidad si mejoramos la competitividad, si el sector permanece unido y con unos contratos estables con precios justos». Confía en la gran oportunidad de desarrollo para el sector dado que la industria tiene capacidad de producir más.

Continuas caídas

Menos optimista, UCCL, que considera «negativa» la reforma del sistema y teme que «sea el remate» del sector. Alerta de que la alta concentración de la industria -operan dos firmas, Azucarera, de la multinacional British Sugar, y la cooperativa vallisoletana Acor- «genera riesgo de desequilibrios en la cadena que aboquen a pérdidas de renta y, de nuevo, a la desaparición del cultivo en zonas tradicionales».

Para quienes miran con optimismo la ventana que se abre, la idea es que «si se puedan conseguir más hectáreas, mucho mejor», apunta Dujo. También desde La Alianza su meta está en intentar recuperar terreno perdido. En el conjunto de la Comunidad, «a corto y medio plazo», alcanzar las 30.000, calcula el dirigente de Asaja, quien recuerda que, aunque ahora esa cifra parezca lejana -este año se ha quedado en 22.592-, «hace unos años se superaba».

Un sector con un sabor tan dulce y que tantas alegrías dio en el pasado a Castilla y León ha estado marcado más recientemente por los sinsabores. Precios a la baja que los cultivadores denuncian no llegaban ni para cubrir los costes de producción de esta raíz, cierre de molturadoras… y consecuentes abandonos. Las estadísticas son contundentes en este sentido. Las 22.592 hectáreas de remolacha de esta campaña suponen un nuevo descenso en una evolución en picado que parece no tener freno.

Ni el conjunto del país ni Castilla y León escaparon al cierre de más de un centenar de fábricas en toda Europa entre los años 2000 y 2008. Cayeron también las hectáreas sembradas y creció el número de agricultores que abandonaron el cultivo. Ya ese 2006 supuso la pérdida de una campaña a otra de cerca de 8.000 hectáreas en la Comunidad. Desde entonces, se han reducido a menos de la mitad. Y nada que ver con 1990, cuando se superaban las 88.000.

«El objetivo de España tiene que ser llegar al autoconsumo», apuntan desde Asaja

Por eso ahora, con el nuevo escenario de liberalización que se abrirá en 2017, y en base al elevado rendimiento de las parcelas -más de cien toneladas por hectárea, de media-, los productores confían en ir recuperando terreno. Más si se tiene en cuenta que España es deficitaria en producción de azucarera.

Deficitario en azúcar

Las 498.480 toneladas asignadas están muy lejos de las necesidades de endulzar el día a día que tienen los españoles. Se estima que anualmente se consumen 1,3 millones de toneladas de azúcar en España, más del doble de lo que las fábricas pueden elaborar con materia prima nacional. La importación de azúcar de caña para su refino aquí y de producto de otros países compensa esa diferencia. Y de ese casi medio millón de toneladas, el 82 por ciento corresponde a la denominada zona norte (420.000), integrada por Castilla y León, La Rioja y País Vasco, mientras que el resto se lo queda el sur. Y la Comunidad tiene un peso más que relevante. Casi siete de cada diez kilos de dulce producto salen de aquí, muy a distancia del segundo productor, Andalucía, con el 23% del total.

«El objetivo de España tiene que ser llegar al autoconsumo», apunta Dujo. «Si somos los mejores produciendo, vamos a llevar a ello», añade el presidente regional de Asaja, quien reclama «ayudas» para conseguirlo, pero también trabajar por la reducción de costes -el riego es uno de ellos y con el que es difícil competir con grandes productores y competidores con mayor humedad como Francia y Alemania- y «compromisos» por parte de la industria.

ABC

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