Cambios en Europa perjudican auge biocombustibles de alimentos

Los planes de la Unión Europea de poner un tope al uso de biocombustibles basados en alimentos implican un gran revés para una industria alguna vez considerada con un rol central en la lucha contra el cambio climático y que ahora es señalada como villano tras una serie de aumentos de los precios de los productos.

Fuentes de la industria y analistas predicen que el plan de la UE podría generar una ola de cierres de fábricas en toda Europa, mientras cuestionan si los denominados biocombustibles avanzados, generalmente producidos en base a productos de desperdicio, pueden jugar el papel enorme que imagina la Comisión Europea.

El órgano regional anunció un cambio importante en la política de biocombustibles el lunes, diciendo que planea limitar al 5 por ciento del combustible de transportes a aquellos hechos en base a cultivos, luego de que manifestantes dijeran que las normas existentes dejaban estaban dejando sin alimento a las personas.

Se esperaba que los biocombustibles producidos a partir de cultivos de alimentos como granos, azúcar y aceites vegetales -a menudo llamados primera generación de biocombustibles- aportaran la mayor parte de un objetivo que indicaba que el 10 por ciento de todos los combustibles para transporte debían provenir de fuentes renovables para el 2020.

El equilibrio ahora procede de una nueva generación de biocombustibles derivados de productos desechables, grasas, partes de plantas no comestibles o una serie de otras materias primas no alimentarias como las algas.

“Es un gran cambio en la política de la UE”, dijo Jean-Philippe Puig, presidente ejecutivo del grupo francés de oleaginosas Sofiproteol, dueño del productor de biodiésel más grande de la UE.

“Hicimos muchas inversiones para llegar al objetivo del 10 por ciento en el 2020, entre ellas más de 1.000 millones de euros en plantas de biodiésel en Francia”, agregó.

Las alzas récord de precios de los granos a nivel global intensificaron pedidos de cambios en las políticas de biocombustibles de la UE y Estados Unidos, que han alentado el uso de cosechas de alimentos para producir combustible de transporte.

“(Los cambios) van a reducir la presión de precios sobre los alimentos y, al mismo tiempo, van a aumentar la presión sobre los fabricantes de autos para ofrecer vehículos más eficientes con relación al combustible”, dijo Hubert Weiger, presidente del grupo alemán de protección del medio ambiente BUND.

Información de la UE correspondiente al 2011 mostró que los biocombustibles fabricados con cosechas de alimentos suministran cerca del 4,5 por ciento del combustible para transporte del bloque. La mayor parte es producida en la UE, pero también hay importaciones de Sudamérica, Norteamérica y el sureste asiático.

El plan de la Comisión tendrá que ser aprobado en forma conjunta por los Gobiernos y el Parlamento Europeo antes de convertirse en ley, lo que podría derivar en dos años de presiones de la industria y grupos de manifestantes para influenciar el resultado final.


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